¿Cómo sería si el aula de clase fuera el comedor o la sala de la casa donde vive el estudiante? ¿Si el área del recreo fuera el jardín de su residencia o el parque más cercano? ¿O si los compañeros de estudio fueran sus propios hermanos?

Esta es una realidad que viven muchos niños. Una opción muy beneficiosa para quienes no pueden asistir a la escuela por problemas de enfermedad, discapacidad o tener que viajar continuamente. Sin embargo, otros menores que no tienen ninguno de estos inconvenientes también están recibiendo clases en sus casas.  

¿Pero por qué sus padres han decidido ser los profesores de sus hijos?. Muchos prefieren alejarlos del rigor académico, que aprendan a su ritmo y sin competitividad o que sacien su curiosidad leyendo, explorando un museo o empapándose de la naturaleza.

El Centro Nacional de Estadísticas de Educación de Estados Unidos (NCES por sus siglas en inglés), reveló que el 91% de los padres mostraban su preocupación por la convivencia dentro de la escuela pública, el 77% hablaban de la educación en valores y el 74% mostraban su deseo de ofrecer conocimientos académicos de calidad. Mientras que el 44% deseaban una pedagogía alternativa para sus hijos.

“No entiendo como un niño pasa seis horas en un pupitre y se les bombardea con tareas para dejarlos estar otro tanto de horas sentados en la casa”, nos cuenta Susana Taylor , quien quiso probar durante un año, a ver como resultaba cuando Sara, su hija mayor tenía cinco años y Tomas, el segundo, tres años.

Ocho años después, aquí seguimos”, explica orgullosa.

Este sistema educativo conocido como escuela en casa es actualmente muy común y legal en los 50 estados de Estados Unidos. Según datos publicados por NCES entre 2003 y 2012 el número de niños estadounidenses entre los 5 y los 17 años que estudian en casa aumentó un 61,8 por ciento.

“Yo me levanto temprano y a las 9:00 am hacemos la rutina de desayuno, vestirnos, hacer camas, lavar dientes, etc. Y después en el jardín hacemos ejercicios de estiramiento para luego hacer cada uno lo que le corresponde en ese momento. Es decir, no tenemos clases por asignaturas, sino que cada niño sigue sus propios intereses y va avanzando según su ritmo", comenta Susana.

Por ejemplo, continua, Sara de 13 años, es una lectora consumada y devora novelas desde hace muchos años, a través de los libros he logrado trabajar muchas asignaturas con ella, de manera que la literatura es la excusa para hablar de temas de historia, de filosofía, de lengua, hasta, incluso, de física. Entre tanto, Tomas de 11 años, es un apasionado por la construcción y dedica la mañana a sus proyectos, creando todo tipo de máquinas y artefactos a base de cartón y otros materiales reciclables, siempre con su pistola de silicona en mano. Tres tardes por semana tenemos actividades extraescolares, que consisten en diversos deportes y la pintura".

La legislación varía mucho según los estados: unos obligan a exámenes periódicos para comprobar si el niño está a su nivel; en otros basta con el informe de un tutor. En Washington y Iowa se han abierto los dos primeros centros de recursos para padres que enseñan en casa.

Estados Unidos, Canadá y Australia están a la vanguardia y Gran Bretaña lleva la voz cantante en Europa. Esto ha dejado ver que esta alternativa diferente de enseñar cada día gana terreno. Tanto así que Harvard ha sido la primera Universidad en abrir un departamento para acceso de los que estudian en la casa.

 

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